Carlos's profileSomniloquios Para Insomn...PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    April 29

    Cómo ser feliz a pesar del trabajo.

     

    Ayer por la noche traté de solucionar uno de los dilemas que me desazona en los últimos años: cómo ser feliz a pesar del trabajo. Me hice una propuesta que en ese momento se me antojó contundente y definitiva: aplicar invariablemente el teorema del 'Carpe Diem'; es decir, tratar de desenvolverme en lo cotidiano tal que si fuera la última fecha de mi calendario. De esa manera, razonaba yo, movilizaría mis energías positivas hacia lo que hiciera durante la jornada, con tales efectos que todo se contagiaría de un sentido musical positivo y alegre, disipando así esa sensación de desubicación que me acosa desde hace tiempo.

     

    Desgraciadamente, cuando esta mañana camino de la oficina comencé a aplicar mi nueva prescripción filosófica, llegué a la conclusión de que, lo primero de mi último día sería, precisamente... ¡¡¡mandar el trabajo al cuerno!!!. En fin, que no sirve; que habrá que seguir probando otras soluciones lo menos malas posibles, como la de hacerse funcionario o irse a vivir -como Sergio- a una comuna Hippie al norte de los Pirineos... :)

     

     

     

    -Extracto de una carta para mi amigo Pablo-.

    September 17

    Esa gran locura que es dios.

     

    De pequeño experimentaba esa mágica sensación cuando mi padre me contaba historias de fantasmas y de aventureros que buscaban tesoros escondidos. También cuando, algo más mayor, violaba la intimidad de la madrugada y, escondido en el regazo de la noche, viajaba con Julio Verne por islas misteriosas, acompañado por capitanes de tan sólo quince años. Volaba invisible por mis brazos erizando su carne cuando rompía la luna el aullido del perro de Baskerville; se transformaba en nudo en mi estómago cuando veía reptar a algún temible ser por debajo de mi cama; aparecía como velo rojo en mi rostro al recibir un saludo de aquella niña que en secreto tanto me gustaba. Me acompañaba al dibujarme en otras vidas, al inventar mundos con mis amigos, al imaginarme con otras caras. Estaba allí si lloraba; era mi soledad cuando nadie me acompañaba; vivía en lo más adentro de mis entrañas.

     

    Un día, cuando florecía una luz en mi cabeza, esa misma luz me preguntó qué sería aquella sensación que, honda y mística, se extendía por lo profundo y común de mis emociones. Y, con la pregunta, llegó una respuesta, incubada en alguna parte de mi cavidad craneal desde tiempos inmemoriales por voces extrañas: “Es dios; el dios que te ama, el que te castiga, el que te cuida y el que se enfada. Él está en ti y en todas las cosas que tocas. Él es tu principio y tu fin; es el abismo en el que te miras todas las mañanas; es la melodía que te acompaña; tu sentido, tu sinsentido, tu razón para vivir y tu precepto para morir. Él es tu obligada libertad en tanto que sólo en él encontrarás paz, sueños, amor, vida y muerte. Es tu dueño, y sólo vales lo que en él valgas. Eso que sientes, aquello por lo que preguntas, es un vago reflejo de su respiración, un leve roce de su sombra, un atisbo de su mirada, una brizna de su voluntad que no cae casualmente sobre ti. Porque sólo en él eres tú”.

     

    Y así viví durante cierto tiempo. Atravesaba las calles de lo cotidiano barriéndolo todo con los ojos de dios, pensando todas las ideas como dios, convencido de que no podía ocurrir que “uno y uno no sumaran dios”. La luz que había crecido dentro de mí era fuerte y brillante, y anunciaba a golpe de soberbia la verdad del todopoderoso. La fuerza de esa luz provenía de la energía inagotable de la primera juventud, esa tormenta que mezcla pasión y fuerza, y cuya autosuficiencia destruye montañas con un sólo grito.

     

    Pero la intensidad de esa seguridad decayó. La vida se encargó de que poco a poco llegaran nubarrones repletos de dudas. Al principio las ignoraba. Hasta que un día descubrí que yo mismo era una de ellas, que nada había de seguro en mí, que, detrás de esa luz, sólo había una bombilla, y, que, como el Mago de Oz, sólo era mero artificio. Aprendí que de un puñado de luz, al final, no queda más que sombras. Comprendí que sólo contaba con mis brazos y mis dedos, y que tendría que ser con ellos con los que me construyera a mi mismo... desde mí mismo.

     

    Las voces han intentado resucitar a dios en distintos momentos, pero ya sólo salgo yo de su tumba. Sin él me siento más solo; es cierto que a veces el mundo me pesa mil mundos y que el aire se convierte en plomo que se come mis pulmones; es verdad que al salir a la calle tengo miedo de encontrarme nuevamente con la vieja y tuerta mano izquierda del azar... pero esa sensación mística que he sentido desde pequeño es más intensa que nunca. Vuelve cuando me enamoro perdidamente; cuando pisoteo mis tragedias con terribles carcajadas; cuando oigo pasar los violines de Bach; cuando me bebo todo el sexo que hay en la sangre; cuando lloro y me siento como un niño; cuando me abrazan mis amigos y me resguardo en ellos; cuando mi padre me habla desde mi corazón.  La vida me corroe como nunca, y como nunca la disfruto.

     

    Por eso, dios, rechazo tu voz y tu mano tendidas. Porque esa magia fue siempre mía y nunca tuya. Porque no puedes arrancar la belleza del corazón de los hombres y atribuírtelo a ti. Tal vez estés sorprendido o, incluso, ofendido y enojado. No consigo ver tu cara. O tal vez ya lo sabes todo y sepas que de mi no eres más que una duda irrazonable. Quizá, tu omnisciencia también te haya llevado a dudar de ti mismo, tal vez por ello sea posible que me comprendas. En cualquier caso, seas un espejismo, seas una ilusión, seas una simple esperanza o seas realmente un dios, debes saber que sólo las respuestas que tengan cabida en mi mano me sirven para vivir. Y tú, eres tan, tan, tan inmenso que no cabes en mi vida. 

    July 17

    Sigues aquí...

    ¿Estoy solo?...

     

    Es la oscuridad que me rodea... ¡es tan fría, es tan íntima!. ¿Te sentirás tú así...?. ¡Después de tantas aventuras bajo el sol africano!. No te venció la vida, siempre pudiste con ella, siempre tras el tesoro del rey Salomón. Yo sé que lo encontraste, pero siempre te he guardado el secreto.

     

    No, no, no lo puedo creer. No lo siento así. Te sigo sin sentir ausente. Todavía te puedo tocar, estás aquí, en algún lado; más allá de mi aliento y antes de llegar al vacío. Pero no te veo, sólo hay oscuridad absoluta e infinita. Me da miedo alargar la mano y que se me pierda en la nada...

     

    Tal vez mis ojos se acostumbren a esta oscuridad, tal vez entonces me hablen de ti. Hasta el momento, seguiré aguardando...

     

     

     

     

    En recuerdo de mi padre, fallecido el 28/01/2005.

    November 13

    ¡Un día más!

     

    Hoy la muerte ha venido a verme a  casa,

    hoy le he abierto la puerta,

    hoy se ha sentado conmigo,

    y me ha enseñado que soy nada;

    Hoy ha ahogado mi risa,

    hoy sé que conoce mi nombre,

    hoy sé que duerme conmigo,

    y que, a poco, dormiré yo con ella;

    Hoy ha matado al niño que hay en mí,

    hoy todo parece mentira,

    hoy mañana es tal vez nunca,

    y mañana hoy tal vez sea nada;

    Hoy me ha robado la dignidad,

    hoy mi corazón late miedo,

    hoy ha envejecido el invierno,

    hoy mi alma es de cristal...

     

    Pero hoy no será el día en que caiga mi voz,

    no será todavía cuando ceda mi coraje;

    hoy el mundo seguirá bajo mis pies,

    hoy no abandonaré las armas,

    hoy te hablaré aún más claro,

    hoy cantaré con mil gargantas,

    hoy mis palabras seguirán todavía calientes,

    hoy le lanzo en un grito a la vida:

     

    un himno,

    una guerra,

    una canción,

    una esperanza,

    un abrazo,

    un beso,

    un arrebato,

    ¡un mañana!.

     

    CARLOS...

     

     

    June 16

    Llega el verano...

    Ya llega el verano, y con él, el calor, las noches en vela, la noche estrellada... otra vez. Las estaciones corren tan rápido que, a veces, me da la sensación que me voy a topar conmigo mismo en alguna esquina del tiempo.

     

    C.

    June 02

    Jugar por jugar... cumpliendo años.

     

    Hoy, después de levantarme, he encontrado sobre mi mesa dos pequeños tornillos exactamente iguales. Los dos correteaban por la superficie del escritorio, como jugando entre ellos. He empezado a meditar de dónde podrían haber caído. ¡Ni idea!. Como mi memoria me da para poco con propina y todo, me he dedicado a revisar detenidamente todos los cacharros que pudieran haber pasado por mis manos. Tarea, por cierto, que acabé abandonando por infructuosa y aburrida. Declaro sobreseído el caso y lo archivo en algún hueco arrugado de mi cerebro como misterio sin resolver.

     

    De repente, cuando salía de la ducha, se me pasa una idea por la cabeza: "A ver si se te van a haber caído a ti, Carlos". Un moscardón que comparte cuarto de baño conmigo y sin atender a rentas, se posa sobre el espejo. Si ya es difícil afeitarse con el reflejo empañado, lo es aún más con un moscardón enorme tocándote las narices... del espejo, claro. Y como hacen los ecologistas de pose, decido matar al bicho sin mancharme las manos: busco el insecticida. Pero he aquí que ya no queda. Mi compañero de baño me sigue observando desde el espejo, frotándose burlonamente las patas, como diciendo "¡a ver, machote, qué haces ahora!".

     

    Rocío al bicho con una buena capa de mi desodorante. Se larga en seguida poniéndome mala cara. Aprovecho y me pongo yo también el desodorante.

     

    Limpio el vaho del espejo. Veo algo extraño y me doy un susto. ¡No pasa nada, era yo!... Bueno, esto ha sido más bien una licencia humorística. Lo cierto es que al mirarme al espejo he pensado que me quedan cuatro meses para cumplir treinta años. ¿Cuatro...?, Ni eso, en realidad no son ni tres. Y, al contrario de lo que suele pasar, me he sentido igual de joven o de viejo que siempre. Algo menos ignorante que ayer; pero con las mismas ganas de siempre de hacer el ganso; con las mismas ganas de preguntarme el origen de todos los tornillos que encuentro por el mundo; con las mismas ganas de hacer teatro para las moscas y las no moscas.

     

    Lo que me asusta es que envejezca el mundo y que me exija que envejezca con él. Con la llamada "madurez", algunos visionarios y doctores de la maquinaria social comienzan a prescribirte: futuro laboral definido; arrugas planchadas en la cara y canas teñidas en la barba; entradas sin salida en la cabeza; vestir la vida con chaqueta y corbata; horas de trabajo después del trabajo; reír sin gracia y llorar sin pena; ser un provechoso hombre aprovechado; llevar los jueves tu alma a la tintorería; ponerle un bozal a tus tripas; asegurar tus ideas contra todo riesgo; un techo donde poder colgar la palabra "MÍO"; vacunas de diseño contra la tristeza; contrato, velo y ramo entre corazones; pies en la tierra, frente al frente y sobre los hombros la cabeza.

     

    Me viene a la mente la letra de un estribillo de Sabina: "Y jugar por jugar, sin tener que morir o matar; y vivir, al revés, que bailar es soñar con los pies". ¿Querrá el mundo, cuando envejezca, seguir jugando conmigo?. Espero que sí, que haya hueco para ello. Siempre encuentro gente que sigue jugando, como puede, tengan sus mundos las edades que tengan.

     

    Y ese, amigo cibernauta, es uno de mis grandes miedos: que el mundo envejezca demasiado para mí. No me considero un Peter Pan de esos que van pasados más de rosca y media, ni un reaccionario social ni nada que se le parezca. Creo que no me equivoco si me defino como una persona bastante sencilla, incluso pragmática para algunos asuntos. Pero no concibo la vida sin juego. Eso es algo importante para mí porque forma parte de mi esencia.

     

    Por ese motivo, hoy se me ha antojado dedicar este pequeño y perdido espacio en el anonimato de la red a todos vosotros, silenciosos y virtuales compañeros, que no os dejáis encorsetar fácilmente por fechas de caducidad ni por planes de envejecimiento de bote. ¿Qué es escribir un Blog, sino jugar a pegar y encajar trozos de nosotros mismos en palabras e imágenes, volviéndonos ubicuos durante los pocos instantes que dura en la memoria de vuestras retinas?. Si hay que envejecer, que lo haga primero el mundo, luego nuestro cuerpo, y, lo último de todo, nosotros… y si nos da la gana.

     

    Carlos.